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20 de noviembre de 1883

Cómo construí confianza con un equipo que nunca había visto en persona

El equipo al que me incorporé como director de marketing en el año 3 del proyecto era completamente remoto y 4 de los 5 miembros nunca habían tenido ningún contacto presencial entre sí ni con la empresa que los había contratado. Era la situación de confianza más difícil de gestionar en un entorno remoto: no el equipo que transiciona del presencial al remoto con confianza previa acumulada, sino el equipo que se construye directamente en remoto sin ninguna base de relación previa que la distancia pueda erosionar pero no puede crear.

La confianza en equipos remotos que nunca han tenido contacto presencial se construye de formas que son verificables en la investigación sobre equipos virtuales pero que en la práctica requieren diseño deliberado porque no ocurren de forma espontánea. El primer mecanismo es la competencia demostrada: cuando las personas de un equipo ven que sus colegas hacen su trabajo bien y de forma confiable, la confianza en el trabajo compartido crece de forma natural incluso sin contacto personal. El segundo mecanismo es la integridad de los compromisos: en un entorno donde la visibilidad del trabajo es limitada, cumplir con lo que se prometió en el plazo prometido tiene un peso desproporcionadamente alto en la percepción de confiabilidad.

El tercer mecanismo fue el que más trabajo consciente requirió de mi parte: crear momentos de conocimiento mutuo que fueran auténticos sin ser forzados. En el entorno remoto, el conocimiento personal que en el entorno presencial surge de las conversaciones informales de la vida cotidiana de la oficina debe ser deliberadamente facilitado porque los momentos de conversación no laboral no ocurren de forma espontánea cuando las personas solo se ven en reuniones de trabajo con agenda predefinida.

Lo que funcionó en la práctica fueron mecanismos simples y no intrusivos. Una sección fija de 10 minutos al inicio de la primera reunión del mes dedicada exclusivamente a conversación no relacionada con el trabajo: cualquier tema que alguien quisiera compartir sobre lo que estaba ocurriendo en su vida. Canales de comunicación no estructurados en las herramientas del equipo donde compartían lecturas, recomendaciones de podcasts o simplemente lo que les había llamado la atención esa semana. Y 2 veces al año, encuentros presenciales de equipo de 2 días donde el objetivo era la relación y no el trabajo: el trabajo se discutía inevitablemente porque éramos un equipo de trabajo, pero el propósito era la convivencia.

Al final del primer año, el equipo que nunca había tenido contacto presencial tenía indicadores de cohesión que los datos de otras organizaciones asociaban con equipos que llevaban años trabajando juntos en entornos presenciales. La confianza que habían construido sin contacto físico era más frágil que la confianza construida con años de convivencia, pero era suficientemente sólida para que el trabajo colaborativo fuera genuinamente efectivo. Esa diferencia entre la confianza construida con diseño deliberado en remoto y la construida de forma espontánea en presencial es real pero no es insalvable.

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