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16 de noviembre de 1883

Claridad de objetivos: lo único que reemplaza la proximidad física en un equipo remoto

La búsqueda de lo que reemplaza la proximidad física en un equipo remoto podría llenar varios libros con respuestas parciales y matizadas. Después de 3 años de gestión de equipos distribuidos, he llegado a la conclusión de que no existe un reemplazo completo de la proximidad física en todas sus dimensiones. Lo que sí existe es un sustituto funcional para la función más crítica que la proximidad cumple en un equipo de trabajo: la alineación constante sobre qué es lo más importante hacer en cada momento y por qué.

En el entorno presencial, esa alineación ocurre de forma continua y casi imperceptible a través de conversaciones informales, de la observación de las prioridades del líder y de los colegas, de las señales de urgencia que se perciben en el ambiente sin que nadie las declare explícitamente. El equipo presencial sabe cuándo hay una situación de alta prioridad por el estado general del ambiente de trabajo. El equipo remoto solo sabe lo que alguien le dice de forma explícita.

La claridad de objetivos que reemplaza funcionalmente esa alineación continua del entorno presencial tiene características específicas. No es la claridad de los objetivos anuales del equipo, que existen en cualquier organización pero que son demasiado distantes del trabajo cotidiano para guiar las decisiones de priorización del día a día. Es la claridad de los objetivos de la semana actual, de las 3 cosas que si se completan esa semana representan un avance real hacia los objetivos más grandes, y de cuál es la prioridad de esas 3 cosas cuando hay conflicto de tiempo.

El sistema de claridad de objetivos que implementé tenía 3 niveles de granularidad. El nivel trimestral definía los 3 a 5 objetivos estratégicos del período con los criterios de éxito de cada uno. El nivel semanal, comunicado en el documento asíncrono del lunes, definía las 3 prioridades de la semana para cada persona y su conexión explícita con los objetivos trimestrales. El nivel de proyecto definía, para cada iniciativa activa, el próximo hito, la fecha de entrega y quién necesitaba qué de quién para avanzar.

El resultado de esa claridad de 3 niveles fue que el equipo podía responder en cualquier momento a la pregunta "¿qué estás haciendo ahora y por qué es lo más importante que puedes hacer en este momento?" sin necesidad de consultarme. Cuando el equipo puede responder esa pregunta de forma autónoma y consistente, el líder ha logrado lo que la proximidad física producía de forma más costosa y menos eficiente: la alineación continua sobre las prioridades que hace que el trabajo del equipo sea coherente en su conjunto y no una colección de esfuerzos individuales paralelos sin coordinación implícita.

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