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31 de octubre de 1883

El año que la IA cambió cómo trabajo pero no cambió por qué tomo las decisiones que tomo

El resumen del año de trabajo con IA que escribí para el informe anual del directorio tenía una frase que el CEO subrayó durante la presentación para volver a ella en la conversación posterior: "La IA ha cambiado el cómo de cada proceso. No ha cambiado el por qué de ninguna decisión estratégica." Era la síntesis más honesta que había podido producir sobre lo que 12 meses de adopción intensiva habían demostrado sobre la naturaleza real del cambio que la IA generativa introduce en el trabajo de marketing.

El cómo había cambiado de formas que eran visibles y medibles en todos los procesos. La velocidad de producción de contenido, la profundidad del análisis de datos, la consistencia de la personalización, la capacidad de detección temprana de señales de riesgo y de oportunidad, la cobertura del monitoreo de competencia. En todas esas dimensiones, el trabajo era cuantitativamente diferente al del año anterior. Producíamos más, analizábamos más rápido, detectábamos antes y monitoreábamos más ampliamente que con los recursos humanos disponibles antes de la adopción de IA.

El por qué no había cambiado. Las razones por las que invertíamos en ciertos canales y no en otros, por las que priorizábamos ciertos segmentos de mercado y no otros, por las que definíamos ciertos mensajes como centrales y otros como secundarios, seguían siendo responsabilidad del criterio estratégico construido sobre la comprensión del comprador, del mercado y del negocio. Ese criterio no venía de los datos del sistema. Venía de conversaciones con clientes y prospectos, de observación del comportamiento del mercado, de la integración de la experiencia acumulada con el contexto presente que ningún modelo de lenguaje puede replicar.

La tentación de dejar que la IA cambiara también el por qué existía y era real. Era más fácil seguir la recomendación del sistema que construir y defender el criterio propio. Era más cómodo dejar que los datos del pasado definieran la estrategia del futuro que asumir la responsabilidad de decidir cuándo el pasado no era un buen predictor del futuro. La IA facilita la comodidad de la deferencia al sistema. El estratega que cede a esa comodidad no está usando la IA de forma más efectiva. Está usando la IA como coartada para no ejercer el criterio que su rol requiere.

El año terminó con una convicción que ningún dato del sistema había producido pero que los datos del sistema habían confirmado de múltiples formas: el valor de un director de marketing en la era de la IA no está en lo que puede hacer que la IA no puede. Está en la calidad del criterio con que dirige lo que la IA hace. Un criterio que se construye con experiencia, con conversaciones reales, con la disposición a estar equivocado y con la disciplina de seguir pensando de forma independiente incluso cuando el sistema ofrece respuestas rápidas que parecen correctas. Ese criterio es el único activo que la IA no puede replicar y el único que determina si la IA trabaja para el negocio o contra él.

Tiempo de lectura: 8 min Dificultad: Advanced
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#Año #Cambio #Criterio #Estrategia