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23 de octubre de 1883

La IA que sugirió el canal correcto para el mensaje que yo hubiera puesto en el lugar equivocado

La campaña que quería lanzar tenía un mensaje central que el equipo consideraba uno de los más fuertes del año: un análisis del costo real de la ineficiencia operativa en empresas del sector, con datos verificables y con una metodología que permitía al lector calcular el costo de su propia ineficiencia. Era el tipo de contenido que en la experiencia del equipo generaba conversaciones de alto valor con prospectos avanzados en su proceso de evaluación. El debate en la reunión de planificación era sobre el canal: yo tenía una preferencia intuitiva por el email de nurturing, basada en que el contenido era denso y técnico y requería el tiempo de lectura que el email permitía.

El sistema de recomendación de canal que habíamos configurado sugirió LinkedIn como canal principal para ese contenido específico, no email. La justificación que el sistema proporcionaba era basada en datos del historial de la operación: el contenido con análisis técnico que generaba cálculos accionables para el lector había tenido históricamente 2.8 veces más conversaciones de ventas atribuidas cuando se distribuía primero en LinkedIn orgánico que cuando se lanzaba primero en email. La hipótesis del sistema era que LinkedIn generaba el contexto de conversación profesional que hacía que el lector compartiera el análisis con sus colegas, amplificando el alcance de una forma que el email no permitía.

Mi instinto sobre el email era técnicamente razonable para el tipo de contenido. Los datos históricos del sistema eran más precisos sobre lo que realmente producía conversaciones de ventas en la operación específica de la empresa. Lancé el contenido en LinkedIn primero como el sistema recomendaba, con una versión adaptada al formato del canal. El email de nurturing llegó 5 días después con el mismo análisis pero en formato de newsletter.

Los resultados de las primeras 3 semanas confirmaron la recomendación del sistema. El contenido en LinkedIn generó 23 comentarios, 14 mensajes directos de prospectos calificados y 4 solicitudes de reunión directas. El email de nurturing de la misma semana generó 2 respuestas directas. El canal que yo hubiera priorizado con mi instinto hubiera producido una fracción del impacto que el canal recomendado por el sistema produjo.

Ese caso específico cambió la forma en que uso el sistema de recomendación de canales en el proceso de planificación. Ya no lo consulto como validación de la decisión que ya tomé. Lo consulto antes de tomar la decisión y trato su recomendación como una hipótesis fundada en datos que merece ser tomada en serio incluso cuando difiere de mi instinto. El instinto sigue siendo relevante para los casos donde el sistema no tiene datos suficientes o donde el contexto estratégico del momento no está capturado en los datos históricos. Pero cuando el sistema tiene datos sólidos y mi instinto difiere de ellos, la pregunta que me hago es si puedo articular una razón específica por la que el pasado no es un buen predictor del presente en este caso, en lugar de simplemente seguir la intuición porque me resulta más cómoda.

Tiempo de lectura: 8 min Dificultad: Intermediate
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