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4 de septiembre de 1883

La política de uso ético de IA que el equipo junior necesitaba y que nadie había escrito

La brecha generacional en la comprensión de los límites éticos del uso de IA en marketing era visible en las conversaciones del equipo cuando alguien preguntaba si podía usar IA para un caso de uso específico. Los miembros más experimentados del equipo respondían con criterios derivados de años de trabajo en comunicación y en gestión de relaciones con clientes: intuiciones sobre qué se sentía correcto y qué no, sobre cuándo la personalización era un servicio y cuándo era una intromisión, sobre qué afirmaciones podía hacer la empresa con confianza y cuáles requerían cautela. El equipo junior no tenía esas intuiciones porque las intuiciones éticas en marketing se construyen con experiencia, no con formación.

El resultado era que el equipo junior usaba las herramientas de IA con menos fricción interna pero con menos criterio sobre los límites que el equipo senior aplicaba de forma intuitiva. No porque el equipo junior tuviera menos ética. Sino porque la ética aplicada en contextos profesionales específicos requiere un marco de referencia que la experiencia construye y que ninguna formación genérica sobre ética de IA puede reemplazar. La política de uso ético que escribí intentaba articular ese marco de referencia de forma que fuera útil para quien no tenía la experiencia que lo hubiera construido de forma natural.

El documento tenía 3 secciones. La primera era de principios: las 5 preguntas éticas que debían responderse antes de usar IA para cualquier comunicación con impacto externo. ¿Este contenido es factualmente correcto y puedo verificarlo? ¿Este nivel de personalización es el que el receptor esperaría razonablemente? ¿Si el receptor supiera que este contenido fue generado por IA, cambiaría su percepción de forma que afectaría la relación? ¿Este contenido podría ser interpretado como engañoso aunque técnicamente sea correcto? ¿Si este output es incorrecto, cuál es el daño máximo posible y es recuperable?

La segunda sección era de casos de uso con ejemplos específicos de aplicación correcta e incorrecta de los principios. No principios abstractos sino situaciones concretas que el equipo podía reconocer como similares a su trabajo diario. La tercera sección era de escalada: qué hacer cuando una de las preguntas de la primera sección no tiene respuesta clara, que es precisamente el caso donde el juicio del manager es necesario en lugar del criterio individual.

El impacto más significativo del documento no fue en los casos claros, donde el equipo ya sabía qué hacer. Fue en los casos ambiguos, que son los más frecuentes y los que antes se resolvían con el criterio individual de cada persona. Tener un marco de referencia compartido para los casos ambiguos no eliminó la ambigüedad. Sí hizo que las personas que no tenían la experiencia para resolverla de forma autónoma tuvieran una estructura para hacerlo de forma más informada y coherente con los valores de la organización. La ética de IA que vive en la cabeza de los miembros más experimentados del equipo se convierte en ventaja organizacional cuando se articula de forma que el equipo completo puede aplicarla.

Tiempo de lectura: 8 min Dificultad: Advanced
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#Ética #Equipo #Principios #Cultura