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26 de junio de 1883

Cómo el CRM pasó de ser una herramienta de ventas a ser el cerebro de la estrategia

La transición no fue una decisión. Fue el resultado acumulado de 18 meses de decisiones pequeñas que progresivamente pusieron al CRM en el centro de más conversaciones estratégicas. El momento donde tomé conciencia de que había ocurrido fue en una reunión de planificación de producto donde el equipo de producto estaba discutiendo qué funcionalidades desarrollar en el siguiente ciclo. La conversación había estado girando durante 30 minutos en torno a intuiciones y percepciones del equipo hasta que alguien preguntó: ¿tenemos datos en el CRM sobre qué funcionalidades mencionan más los prospectos que no cierran? La pregunta detuvo la conversación. Todos miraron hacia mí.

Los datos de CRM que tenía disponibles en ese momento respondían esa pregunta de forma más precisa de lo que el equipo esperaba. Las notas de las reuniones de ventas de los últimos 6 meses, que el equipo registraba con consistencia creciente, contenían menciones específicas de funcionalidades que los prospectos habían pedido y que la solución no tenía. Un análisis de frecuencia de esas menciones mostraba que 3 funcionalidades aparecían en el 40% o más de las notas de reuniones con prospectos que no habían cerrado. Era el tipo de dato que el equipo de producto necesitaba para priorizar el roadmap y que nadie había extraído del CRM porque nadie había pensado en el CRM como una fuente de insights de producto.

Esa conversación fue el catalizador de un cambio más amplio en cómo la organización usaba el sistema. El CRM dejó de ser exclusivamente una herramienta de gestión de ventas y comenzó a ser consultado para decisiones de: qué sectores merecían mayor inversión de marketing basándose en la tasa de cierre histórica por sector, qué perfiles de cargo respondían mejor a qué tipos de contenido, qué objeciones eran más frecuentes en qué etapa del ciclo y requería qué tipo de material de ventas, y qué segmentos de clientes tenían mayor potencial de expansión según su comportamiento de uso.

La condición que hizo posible ese uso ampliado del CRM no fue tecnológica. Fue de calidad de los datos y de consistencia en el registro. El CRM solo puede responder preguntas estratégicas si el equipo ha registrado los datos necesarios para responderlas con suficiente consistencia durante suficiente tiempo. Las notas de reuniones que el equipo de ventas registraba con disciplina creciente eran el insumo que hacía posible el análisis de frecuencia de menciones de funcionalidades. Sin esas notas, la pregunta del equipo de producto no hubiera tenido respuesta.

El CRM que se convierte en el cerebro de la estrategia no es necesariamente el más sofisticado tecnológicamente. Es el que tiene datos de calidad suficiente para responder las preguntas que importan para el negocio. Y esos datos de calidad son el resultado de un equipo que entiende por qué registrar correctamente lo que registra es una inversión estratégica, no una tarea administrativa. La diferencia entre un CRM que es un sistema de registro y uno que es un sistema de inteligencia está en la cultura de uso del equipo, no en las funcionalidades de la plataforma.

Tiempo de lectura: 8 min Dificultad: Advanced
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#Estrategia #Datos #Inteligencia #Cultura